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Terra
La Coctelera

Breve excursus

Hace cincuenta y ocho minutos y cincuenta y tres segundos fue mi cumpleaños. Pasado. Hecho. Dicho.

He aprendido una estúpida e reveladora lección. Volveré a equivocarme a corto o largo plazo, quién sabe. Porque tengo la vanidad y el egocentrismo que todos albergamos pero somos incapaces de admitir porque así nos sentiremos humildes.

No sabría dar cabida a la humildad si uno tiene aspiraciones en la vida que implican el éxito de uno mismo, lo cual conlleva en la derrota de otros o repercute en la manera de hacer de éstos. Arrogancia o humildad son lo mismo pero enfocados a distintos ángulos.

Me siento desnudo, despojado de mi mayor privilegio: la privacidad. Y el mayor accionador de este declive soy yo mismo. No volveré a perder la misma virginidad que pierdo cada vez que cuelgo un poema mío en mi blog. Porque la poesía es mi necesidad, mi íntegra y exclusiva y privada necesidad. No puedo más. Me averguenzo de haber colgado cualquier poesía mía. No porque quien pueda leerlo no sea merecedor de ello, si no porque mi privacidad es más importante que el disfrute de cualquier persona. Da igual que lo lea Estela, Carlos, xxx o, una vez más, yo. Porque me remuerdo el pensamiento al ver que lo que es mío, lo que me hace disfrutarme de verdad, es tan público como mi existencia.

Advierto que cumplir años no me sienta bien. Es como una de esas veces que vas a comprarte unas zapatillas y, al salir de la tienda, descubres que te llevaste dos números distintos, que el ticket está perdido por el contenedor, la punta de la zapatilla (que tenía que ser blanca) ya no es tan blanca, y te dices a ti mismo: "en realidad no eran tan caras, y aún no he tirado las viejas".

Este año no me prometo nada, demasiado se me cae el pelo por la ansiedad. Es absurdo imponerse ultimatums. Y quiero algo más. Estoy confuso, pero todo parece tan claro... son demasiado exactos los pasos a dar; y "demasiado" no significa "malo". Algo me dice que este año cumplire mis metas más primitivas. Pero no voy a exigirme más. Sólo quiero salud, salud y más salud. Acepto lo que tengo, pero me cuesta creer que todo es tan fácil y tengo que aceptarme, y acepto la realidad, y en verdad no soy tan sincero conmigo mismo a pesar de que, honestamente, esta parrafada no me lleve a ninguna parte. Mi pregunta es: ¿qué esperas tú de mí?

Adivino las respuestas, y doy gracias de antemano a Estela y Carlos, porque saben que me encanta escribir, pero no que ya no puedo escribir.

Ni estoy atado ni me siento libre. Oración compuesta, coordinada distributiva...

Lo que yo siento

Veamos, ¿qué hora será...? bien, las doce menos cuarto de la noche. Diré lo que siento:

- Añoro aquellas tardes de colegio, allá por las cinco y media, cuando bajábamos de la clase y: Álvaro, Dani, Edu, Carlos, Juan Pedro, Romero, Callejas, David, Pablo, Gonzalo, Daniel Durán, Fede y yo nos pegábamos tres buenas horas de fútbol. Del aquéllos apenas guardo a Álvaro, Edu, Carlos y Juan Pedro; bueno, Juan Pedro cuando viene, que suele ser más bien poco. El resto se perdieron con los años de instituto donde, por suerte conocí a nuevos inquilinos en mi círculo de amistades, de donde sólo se ha quedado Josean, pero ya se sabe que Josean siempre está ahí.

- Añoro, también, las tardes de cartas de Magic en Wartime, echando un rey de la mesa, y jugar contra Dani(1) y su mazo azul de control a muerte. Recuerdo cómo me monté una baraja monocolor negra para derrumbar el reinado de mazos azules que Dani, Luigi, Pablo y algún que otor de la asociación Godness llevaba: me salió bien la jugada, por suerte.

- No tengo nostalgia por los tiempos de la Compe con los Danis, Perico, Rául y Pascual, Miguel y Ase, Cantero y Jotacé; porque no estaba a gusto con ellos: no nos engañemos, me lo pasé genial en esa etapa, pero no tengo buen cariño de ella. Así como mucho menos tengo cariño de haber conocido a Gema y toda la gresca que ello conlleva. Aunque, a pesar de todo, fue ella quien me presentó a Xus, todo hay que decirlo. De igual manera, sí, podría decirse que odio a esa persona.

- He disfrutado mucho de los tiempos de fútbol en Parque Sur: madre mía, ¡cómo me gustaba hacerle la ruleta a David! y qué bueno era el jodío; lástima de que yo sea gafe: nunca debí decirle que calentara rodillas. Que David me perdone.

- A veces me paraba a recordar mi viaje a Inglaterra: me disfruté liberado. Conocí a un grupo de personas de las que ya no guardo alguna relación. También es cierto que no ha existido un mútuo deseo de reencuentro por ninguna de las partes: las distancias, más o menos cortas, agrietan toda posibilidad de amistad. Yo dejé a merced del grupo la idea de que me agregaran al Msn: unos aceptaron y me incluyeron en su lista; de otros ni siquiera guardo memoria. Aún así, Poole se queda muy lejos de mi Messenger. DeInglaterra sólo guardo aquel exquisito aroma a humedad que la isla aporta y ese sinvivir por entretenerme y sentirme libre, aunque gastara seiscientos euros de factura telefónica. Aprendí a desarrollar conversaciones en el campo que a mí me interesaba y a evolucionar mi conducta con las otras personas en favor de aumentar mi capacidad influyente: algo casi nulo en mi persona de aquella época. Pero de Inglaterra ya no guardo ni las fotos.

- Cuando me encontraba en primero de bachiller descubrí en mí una sensación primaria y esperanzadora de encubrir lo triste que es la vida, no únicamente para mí, si no para todo el mundo. Descubrí la interpretación. Reconozco que yo siempre he sido el payaso de la clase: me gusta hacer reír a la gente, y todavía recuerdo cuando en sexto de E.G.B. Don Jesús (sí, a los profesores les llamamos de "Don") me eligió para hacer una obrilla de final de curso. Se me acercó y me aclaró que yo fui su elección porque sabía hacer reír a la gente. Tuvieron que pasar cinco años para que mi alelada cabeza se diera cuenta del valor de aquellas palabras. Terminé el bachillerato y mis amigos me hablaban de los rumbos que iban a tomar: unos querían la carrera universitaria; otros optaban por formación profesional; y entre Pinto y Valdemoro estaba yo: quería ser actor. ¡¿Qué dices, muchacho?!, dirían algunos; ¡¡¡tú no vales para eso!!!, exclamarían otros. Pero a mí me daba igual, porque ya conocí una vez esa misteriosa y feliz sensación de no ser yo mismo. El verano de dos mil cuatro, el mismo verano en el que viajé a Inglaterra, inicié un curso de interpretación en una escuela privada de Madrid. Me preparé las pruebas de selección de la Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid y creí que mi futuro metería el hocico allá adentro. Pero aprendí que la soledad que me inundó en aquella extraña ciudad podía con mis deseos de convertirme en actor. Cuando supe la nota final, me derrumbé: había aprobado y estaba dentro de la escuela. Pero yo no era feliz, no sabía digerir la fabulosa realidad que se asomaba por mi puerta. Entendí que la soledad me consumía hasta perder la esperanza, aquéllo que siempre me ha movido hacia delante. Necesitaba a Xus a mi lado, y después de haber pagado los miles de euros por el curso de interpretación, la matrícula y la residencia, abandoné Madrid rumbo a Albacete. Mi futuro era incierto, por eso me tomé un año sabático para profundizar en mis ideales, mis hobbies y mis intelectos: escribí cuatro obras de poemas, unas obra de teatro y tropecientos relatos. Introduje artículos sobre la poesía en Albaceteliterario, y disfruté de la banal sensación de jugar con la mecánica de las palabras. Odio a aquellas personas que dicen escribir porque quieren plasmar sus sentimientos en papel. Yo escribo por mecánica, porque me resulta tan entretenido como resolver una ecuación. Imagino que sin esa mecánica, yo no percibiría la poesía de igual manera. Me adentré en Miranfú: descubrí facetas artísticas de mí que me aliviaban por dentro. Creí que el teatro iba a ser tan enormemente grande que no podría disfrutarlo ni gastanto toda mi vida en un minuto. Pero hace siete meses aproximadamente entendí que el teatro, el actor, es un símbolo de generosidad con el escenario, con el escenario y los demás objetos e intérpretes que le rodean. Y yo en Miranfú había perdido la ilusión por actuar. Me encontraba en un momento de mi vida en el que ni los estudios, ni el teatro ni las amistades se encontraban a la altura de mis expectativas, y taxativamente di un frenazo. En ese punto, me levanté otra vez y mire hacia delante, me pregunté qué quería en el futuro y lo tuve muy claro: quería ser alguien, y ya conocía las pautas a seguir. Fue entonces cuando se toparon en mi camino Diego García y Guillermo Navalón con una cómica idea de cortometraje con la voluntad simple de entretener al espectador, y no el estereotipo de corto que tiene como finalidad marcarte para el resto de tu vida y siempre se queda en eso, en la voluntad de algo. Rodamos el corto en el Pub Nashville y disfruté a rabiar con Carlos, mi compañero de interpretación. Para gran asombro y sorpresa de todos, ganamos el primer premio de cortometrajes del festival Proyecta'07, y ello, aunque todavía no lo sepamos, nos abre muchas puertas.

Este verano me ha enseñado lo minúsculo que Albacete resulta. Para mí se ha abierto la caja de Pandora: el futuro es mío y de nadie más.

¡Ohhhhhhhhhhhhh! ¡La Feriaaaaa!



Sí, la Feria toca a su fin. Esto se acaba, para placer de algunos y desgracia de otros. Todavía no acierto a decir si he vivido la Feria, pero nueve días han pasado y parece que hubieran transcurrido ya los diez.

Para mí hoy se acaba la Feria: mañana se convertirá en una vuelta a la rutina.

Balance imprevisto de 2007

Ojalá no tuviera tiempo para soñar. Demasiados sueños quiero cumplir. Tantas cosas en las que pienso, tantas situaciones que me imagino. Y ya he cumplido varios de ellos. Pero entiendo que la ambición es más extensa que los sueños, y su sombra, larga e insoportable, frena mis aspiraciones, sí.

Así funciona: yo deseo algo; ese algo espero cumplirlo; lo rozo, lo rozo; y: o lo consigo o me echo para atrás. Ahora me he arrepentido de varios vasos rotos. Pero ya no es tarde: mi futuro se ha abierto, abanico inverosímil, piedra en la mano, y tiro hacia delante sin mirar atrás.

Esos últimos cuatro días me hicieron ver la fuerza de mis sueños, más grande que la seguridad que he pretendido acaparar.

Disfruto de esa sensación, esa sensación de alejarme de todo y volver para, estando aquí, echarlo más de menos. Por eso nunca olvidaré la potencia de mis sueños, esa esperanza altiva y exquisita de impregnar de deseos todo cuanto toco.

Mis sueños son claros: ahora España está más abierta que nunca, y en su kilométrica superficie recorreré, de momento, cada una de mis metas.

aque es arbol pensamiento firme y tranquilo aque es una

¿Qué es un árbol?

Pensamiento firme y tranquilo.

¿Qué es una flor?

Carne suave y rauda.

¿Qué fuiste tú?
Ambos.

A si se cumplen suenos

¿ ... que si se cumplen los sueños ... ?

Verano '07

Cuanto hace falta para saber de ti no es más que la propia presunción de que uno no será capaz de conocerse a sí mismo jamás.

Parece cómodo de decir, no tanto de explicar; imagino que así funcionan los textos: uno empieza a escribir sin otear final siquiera. ¿Sería mejor vislumbrar un acabóse? Una mecánica distinta, desde luego.

Llevamos ya una cuarta parte del verano (sí, es así de corto) y, restándole seis semanas para los exámenes, esta estación se desenvuelve primitiva y coqueta. Lo primero por ir semi-desnudos sin tapujos, y lo segundo por llevar algún t(r)apujo de por medio.

En Benidorm descubrí una sencilla cuestión: haré más por relajarme en las próximas semanas; vaya, finalmente no quedó una pregunta, pero qué más da, este parrafo no llegará nadie a leerlo, si acaso Carlos, que buenamente socorre mi blog ante este paradisíaco desierto de comentarios y entradas. Si tuviera que discutir apenas algo aquí, terminaría por pegarme un tiro o reventarme las uñas, porque es odioso escuchárlas chocar en las teclas (sí, y sobretodo en la tecla "a": cerda maloliente, tú caerás la primera, tus días están contados).

¿Por qué habría de relajarme este verano, si tengo cuatro asignaturas que aprobar en septiembre? exactamente porque después de disfrutar de unos agudos punzones en el pecho, uno hace más por descansar y no ataviarse de deberes y demás responsabilidades. No soy mozo de grandes poderes, eso se lo dejamos a Spiderman: él es más ... ¿activo?

Pero sí que tengo evidentes responsabilidades. Responsabilidades con las que lidiar de forma quirúrgica, como el que receta valium a un perro. No me han puesto nunca una vacuna contra la rabia, pero imagino cómo debe sentirse un canis lupus cuando le pinchan en el lomo: "joder, ¿por qué me está tocando los cojones tanto?" diría Milo, mi perrete; yo le respondería: "porque el valium te volverá menos sarnoso".

Al final todo se acabará, aprobaré alguna y otras se quedarán en el tintero, esperando un desenlace quizá menos truncado y una planificación plagada de relax. El verano para mí se ha acabado, no porque tenga que estudiar, si no porque lo tengo todo planificado.

Por cierto, me conozco en un 99%: soy impaciente, egoísta y gracioso. Para todo lo demás: MasterCard.

Una hoja y otra hoja son apariencia del viento las lleva

Una hoja y otra hoja son la apariencia del viento que las lleva.